Moralistas de sillón

Que harto estoy de los moralistas, en serio querido lector, de los ofendidos, de esta corriente de voces que se alzan y se autoproclaman abanderados de la realidad y la defensa de todos los colectivos minoritarios.

Que empalagosos, estomagantes e hipócritas que llegan a ser en sus discursos. Admiro su facilidad para tergiversar, manipular y sacar de contexto cualquier palabra que no se ajuste al diccionario que ellos denominan correcto.

Porque ponen sobre la mesa, una realidad que son ellos los que dictan que es la que prevalece y en base a ella, debaten… Bueno, imponen. Porque debatir, es intercambiar opiniones, decir lo que se piensa y escuchar que tiene que decir la otra parte, pensar durante al menos unos segundos, aunque solo sea por educación y después rebatir con argumentos.

Pero no, están más preocupados en demostrarte que tú estás equivocado… por supuesto, ellos no, y volver a meterte en el redil donde no se hacen preguntas, no se cuestiona nada, no se alza la voz… donde se viene a seguir la corriente y acercarse al Sol que más calienta y de paso, recibir el aplauso fácil.

Y en ese camino de autoproclamada autoridad en igualdad, se olvidan que están siendo tremendamente desiguales, porque no nos vamos a engañar querida lectora, tú has oído cosas que te hacen chirriar los oídos, visto cosas que te quemaban las retinas, pero como no estás dentro de ese colectivo minoritario, no tienes ningún derecho a quejarte, porque contra ti, no existe la desigualdad… Bueno, si que existe, pero recuerda, es positiva…

Estos jueces de sillón andan por todas las redes sociales que existen, dando lecciones de vida, creyendo sin preguntar cualquier tocho que se encuentran por la red, y por supuesto, prejuzgando la moralidad de cualquier acto sin tener el pequeño detalle de, como mínimo, escuchar las dos versiones QUE SIEMPRE TIENE UNA HISTORIA.

No lleves la contraria, no cuestiones, no te hagas preguntas, no indagues para asegurarte de que lo que has leído es verdad, porque si lo haces, hay que reeducarte, hay que enseñarte lo que es la vida, como hay que pensar…

Que harto estoy… que saturado de tanta idiotez, de tener que pedir perdón por contar un chiste, de tener que defenderme por pensar diferente, por primero indagar y poner en tela de juicio lo que oigo y veo hasta que tengo pruebas suficientes para dictaminar una sentencia moral.

Os voy a contar brevemente un episodio de un antiguo compañero de trabajo:

Se dirigía a su casa al salir de trabajar, tres pueblos más allá de donde él vivía. Durante el trayecto de carretera, recogió a una autoestopista que aseguraba que iba en dirección al siguiente pueblo, la dejó en el sitio indicado y siguió su camino.

Para su sorpresa, en el siguiente pueblo le estaba esperando la guardia civil, que tras detenerle en el arcén, le comunicaron que la autoestopista le acababa de denunciar por violación.

Os voy a ahorrar todo lo que sucedió después, todo lo que cayó encima de aquel hombre y como todos sus amigos, allegados, familia, vecinos, conocidos y demás gente de su entorno, lo machacó hasta tener que abandonar su casa de veinte años cuando salió de la cárcel.

Porque salió, claro que salió, la mujer no presentaba ningún indicio de violación y tras tres entrevistas con la policía, cambiaba constantemente de declaración, se contradecía de manera reiterativa… Hasta que se derrumbó y confesó que nunca le hizo nada…

A día de hoy, que yo sepa nadie le pidió perdón por todos los insultos, por las amenazas, por las pintadas que cada día veía en su fachada… ¿Por qué? Porque nadie le concedió el beneficio de la duda, nadie esperó a la sentencia en firme del juez (DEL ÚNICO QUE MERECE JUZGAR), porque llegaron los moralistas, los que se cuelgan la vitola de juez y verdugo y deciden que está bien y que está mal, los que escuchan al débil y dan por buena su historia… Los que te acusan si antes prefieres poner en duda…

Que harto estoy… pero que harto…

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