Que asco me das… (Carta abierta a Ana Lucía)

… pero que asco, que profundo y visceral asco, hacia ti, hacia todo lo que representas, llamarte mujer insulta y desprecia a las que comparten esa cualidad contigo, llamarte humana enerva y altera mi sangre por saber que somos compañeros de raza.

Tuviste la mala suerte de que tu asesinato haya sido seguido por prensa televisiva, se le dio eco y tu cara, tu miserable y asquerosa cara recorrió cada televisor de este país, por suerte, no habrá rincón en él donde puedas esconderte de la lacra que te perseguirá el resto de tu vida, no habrá agujero ni terreno yermo donde no seas perseguida por los dedos acusadores de todos los que hemos tenido la desgracia de ver el rostro del mal.

Has asesinado como si de una cucaracha o un molesto insecto se tratase a un chiquillo, al ser más inocente que anda por este planeta, un indefenso cachorro cuyo único problema en la vida era ver su serie favorita en televisión, te podría decir que no existe mayor atrocidad en esta vida, que por encima de tu asquerosa y podrida alma ya no hay nada más… ojalá mis palabras pudiesen quedarse ahí… pero no… en tu patético y pueril camino por esta vida has hecho algo mucho peor, algo que me hace ver hasta donde es capaz de llegar el ser humano (si es que lo eres) y descubrir que los extremos a los que somos capaces de llegar son tan insondables como los del propio universo.

Veo en televisión a un padre con la mirada perdida, agarrando tu hombro pero sin tocarlo porque no te toca él, no te abraza su mano… es su corazón el que se aferra a la vida… veo como camina, con pasos perdidos, con pisadas vacías… sin rumbo, siempre apoyado en ti… sujetándose a un fino hilo de cordura porque ha perdido lo que ningún padre debería perder jamás…

Veo una madre sin alma, una carcasa andante, buscando miradas entre sus familiares y allegados para encontrar esa parte de su vida que ha perdido y que nunca recuperará, hablando sin voz, empujando el aire por la inercia de seguir respirando porque ha perdido lo que ninguna madre debería perder jamás…

Y te veo a ti… andando a su lado, abrazando a su padre, entre los llantos de sus amigos, entre el dolor de la pérdida, sintiendo en primera persona como han arrancado de raíz el alma de sus padres… impasible… sin desmoronarte… erguida como un faro en mitad del mar ante las embestidas de un mar en cólera… jugando un papel… el de persona dolosa, sabiendo que su cuerpo yacía en un pozo a merced del deterioro del tiempo, pensando en tu siguiente paso, jugando a un juego que por mucho que intente entenderlo jamás llegaré a conseguirlo… porque nunca se te hizo grande, nunca te viniste abajo, no mostraste actitud sospechosa alguna, un leve gesto que nos hiciese dudar o preguntarnos ¿Por qué?.

Caminabas delante de ella, con su llanto golpeando tu nuca, con su respiración entrecortada poniendo banda sonora a tus pisadas y tú… gafas de sol en ristre y melena al viento seguías caminando como si esto no fuese contigo…

Que asco me das, que profundo y visceral asco, tú y los que como tú asesinaron a Marta, a Diana, a Asunta, a Ruth y José y un largo etcétera.

Ojalá llegase esta carta a tus manos, ojalá algún día la leas, ojalá algún día el peso de la conciencia caiga sobre ti con la misma fuerza que el dolor a golpeado a toda la familia de Gabriel.

3 Comments

  1. Totalmente de acuerdo con esta carta. Yo no lo habría expresado mejor. Para colmo de dolor no quisiera enterarme de que el movil del asesinato del pescaito ha sido racista o pedofilo. Ya veremos.

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