La Celda (Parte 4)

—Vaya colega, parece que ese Bosco te la jugó, pero bien— Sonreía mientras apuraba su cerveza.
—Fue un momento duro, la verdad— Hice lo propio con mi refresco.
—Y bueno, siendo tan interesante esta historia que me estás contando, ¿Cuándo vas a llegar al momento que te metieron entre rejas?— Dijo haciendo un gesto al camarero sin ninguna intención de escucharme.
—Todo a su tiempo amigo, tan solo te he preparado el terreno, antes de saber que me pasó allí necesito que conozcas todos los factores de la ecuación—
—Me estás pagando toda la bebida, así que haré como que me interesa tu historia, aunque tengo que admitir que me tiene intrigado tu paso por la cárcel— Respondió girando la cabeza hacia mí.
—No fue convencional, de eso no hay duda— Dije con un nudo en la garganta.
—Te debió afectar bastante, no has tomado nada de alcohol en toda la noche, ¿te hicieron algo allí dentro?— Preguntó algo más interesado.
—Ya te lo he dicho, me doblegaron… Me… reiniciaron—
—¿Te reiniciaron?, no entiendo—
—Tranquilo, todo a su debido tiempo, déjame que siga con la historia, pero si te lo preguntas, no, nadie me golpeó, no hubo insultos, ni amenazas… Mi paso por aquella celda fue algo diferente—
El camarero, un hombre mayor, con el pelo blanco y una sonrisa extrañamente amarilla apareció por la izquierda portando una bandeja con dos pequeños vasos, un refresco y una jarra de cerveza, depositó las bebidas enfrente de nosotros y nos ofreció los minúsculos vasos a cada uno.
—Esto de parte de la casa— Dijo sonriendo.
—Vaya, hoy es mi día de suerte— respondió mi nocturno amigo con alegría, agarró su pequeña bebida y la alzó a modo de brindis. —¡Por las prisiones!— Dijo sarcásticamente.
Alcé mi bebida a la altura de aquel idiota e hice un gesto afirmativo con la cabeza, bebí de un trago el líquido y posé el vaso sobre la mesa, el regusto amargo dejó una capa desagradable por todo mi paladar y me apresuré en dar un largo trago a mi refresco.
—¡Dios!, que cosa más asquerosa— Dijo él golpeando el vaso contra la mesa.
—Creo que no pediré más de esto— Sonreí.
—Seguiré a cervezas yo también… Bueno y dime, ¿Qué pasó?, ¿te cargaste al tal Bosco ese o qué?— Dijo mirándome fijamente.
—No, nunca le hice nada—
—Pues tú dirás…— Levantó las palmas invitándome a seguir.
—Tengo que ir al lavabo— Me levanté y me dirigí deprisa al servicio.

Abrí la puerta del baño con un portazo y cerré con el pestillo por dentro, comencé a jadear y el corazón se desbocó, todo comenzó a darme vueltas y gotas de sudor frío empezaban a marcar un camino desde mi frente hasta mis cejas. Rompí a llorar, no quería hablar de esto, no quería recordar… pero era necesario, todavía no estaba “limpio”, todavía quedaba ponzoña en mi sangre… Había llegado a la fatídica noche donde destrocé la vida de dos personas, debía hablar de mi paso por aquella horrible, aunque iluminadora celda… Debía volver a hacerlo, despedazarme por dentro otra vez, él me lo advirtió, era el precio que debía pagar si quería seguir haciendo esto, desmontarme una y otra vez, recomponerme e ir a por otro… Así que lo dejé salir, enfrente del lavabo me coloqué en cuclillas y apoyé mi cabeza sobre mis manos y lloré, lloré con tanta fuerza que el pecho me golpeaba como si algo intentase salir de mi estómago, recordé el dolor, la sangre, el olor a vida destruida, dejé que todo aquello me invadiera, exactamente de la manera que él me dijo, le presté mi cuerpo y mis emociones durante un par de minutos al dolor y a la angustia… pero ni uno más… Respiré profundamente, me incorporé y lavé mi cara, clavé la mirada en mi reflejo del espejo y me repetí “Es necesario”, “Esto evitará que vuelva a suceder”, “Tienes que limpiar el mundo de gente así… de gente como tú”, me tomé un par de minutos más para calmarme mientras secaba mis manos y me arreglaba el pelo, intentando parecer que nada había sucedido tras esta puerta, tomé aire un par de veces y los latidos de mi corazón poco a poco fueron retomando su pulso normal, salí por la puerta y me dirigí a la mesa.

—¿Seguimos?— Dije sorbiendo el refresco.
—Seguimos— Respondió imitándome con su cerveza.

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