La Celda (Parte 1)

—Osea, que eres un hombre nuevo– Dijo dando un largo trago a su jarra de cerveza visiblemente alterado.
—Así es, a veces evolucionamos nosotros solos, pero otras es la vida la que te obliga a cambiar tu forma de ser— Dije jugueteando con una servilleta.
—Ya, que has pasado de ser un chico malo a ser el protector de los indefensos— Contestó sonriendo socarronamente.
—Bueno, es una manera muy simple de decirlo, pero si, básicamente es eso— Le devolví la sonrisa.
—Pues mira a tu alrededor señor protector, seguro que en este bar hay gente que necesita ayuda, yo solo he venido aquí a beber, no a ser salvado por nadie—
-—Yo no vengo a salvarte!— Dije riendo
—¿Entonces por qué coño te has sentado aquí?, tienes un montón de sitios libres en este antro y yo no te he invitado a acompañarme— Replicó visiblemente afectado por las ya varias cervezas consumidas.
—Mira— dije señalando con el dedo —¿Ves esos cuatro chicos jugando al billar?, apenas tendrán diecisiete años, no pueden beber, pero ya sienten la curiosidad por este mundo de tabernas y alcohol, fíjate como se miran entre ellos, los dos chicos intentando ser los graciosos, las chicas dejándose engatusar por ellos, ¿ves ahora dos mesas más a la izquierda a esas seis personas? Una reunión de amigos y a juzgar por el bebé que tiene ese hombre sobre su brazo derecho y la animada conversación me jugaría todo lo que tengo a que hacía mucho tiempo que no se juntaban, mira ahora a esa pareja al final de la barra jugando a la diana, por las miradas, las sonrisas resplandecientes y los besos apasionados yo diría que llevan muy poco tiempo como novios… y aquí estás tú, a cinco mesas de la persona más cercana, justo debajo de la única bombilla que está fundida, bebiendo solo, por tu mirada apostaría a que es la cuarta o quinta cerveza que tomas… no vengo a salvarte pero me quedan unas tres horas antes de que mi amigo venga y he pensado que te vendría bien algo de conversación—
—¿Y no has podido imaginar que si me siento precisamente aquí es porque no quiero conversación, Einstein?— Dijo riendo a carcajadas.
—¿Y si te invito a todo lo que quieras beber esta noche?— Dije apoyándome sobre la mesa.
—¡En ese caso te diría que bienvenido seas!— dijo riendo más fuerte y levantando su jarra a modo de brindis, sorbió el resto de la bebida de un trago e hizo un gesto al camarero —¡jefe! ¡Dos cervezas para mí y mi nuevo mejor amigo!—
—Gracias, para mí un refresco de cola— Dije mirando al camarero.
—De acuerdo mejor amigo, entonces eras un chico malo ¿eh?, ¿Qué hacías, robar bolsos a ancianitas?— Dijo con el mínimo tipo de interés.
—No, lo mío era mucho peor—
—¿Qué pasa, te cargaste a alguien?— Contestó algo más interesado.
—Tampoco, fue peor, bastante peor…—
—¿Puede haber algo peor que matar a alguien?—

Asentí con la cabeza y fijé la mirada en el letrero luminoso de SALIDA que presidia en lo alto de la puerta del bar, apreté los labios y me esforcé por no romperme por dentro, miré fijamente a mi compañero de noche, cerré los puños por debajo de la mesa con tanta fuerza que chasquearon los huesos de mis dedos en un intento de no abalanzarme a él por encima de la mesa y darle exactamente lo que aquella escoria se merecía, no tenía ni idea de quien era yo ni que hacía allí, tampoco lo que yo sabía sobre él, el muy imbécil pensaba que yo solo era un pobre desgraciado sin amigos que busca desesperadamente compañía y que aquel encuentro entre los dos era fortuito… no sospechaba que sabía perfectamente quien era, lo que hacía y el acto que acababa de perpetrar minutos antes de llegar a aquella silla de bar. Hice un titánico esfuerzo por no lanzarme sobre él… miré mis manos… no podía hacerlo, tenía que seguir el plan, este ya no era yo, ahora formaba parte de algo más grande y debía dar la talla, “Cuéntale tu historia” me repetía a mí mismo, “haz tiempo hasta que venga él”, “completa el círculo”, “después este cerdo será solo un mal recuerdo” … Alivié la presión de mis manos, relajé la mirada y sonreí.

—De acuerdo colega, has conseguido intrigarme, cuéntame, ¿cómo pasaste de ser un asesino a ser un buen chico?— Dio un largo trago a su cerveza mientras inspeccionaba el cuerpo de una mujer que pasó camino del servicio.
—Estuve en una cárcel— Se me anudó el estómago.
—Ya bueno, normal, la cárcel debe ser dura— Sus palabras parecían más aprendidas que sinceras.
—No estuve en la cárcel, estuve en una cárcel— Contesté con un hilo de voz.
—¿Qué te pasó allí dentro?— Inquirió recostando su espalda en la silla.
—Me doblegaron—
—Muy bien, no tengo nada interesante hoy más allá de estas cervezas así que… soy todo oídos— Habló mientras levantaba los brazos invitándome a hablar.

Aquellas palabras volvieron a producirme aquel ardor en la boca del estómago que tan malos recuerdos me traía y tuve que contener la respiración para evitar el impulso de saltar sobre él otra vez… Respiré profundo inclinando mi cabeza hacia atrás intentando no quebrarme, regresé la mirada hacia la mesa y di un sorbo a mi refresco, hice girar un par de veces el vaso sobre mi mano y me dispuse a contarle mi historia a aquel desecho humano que tenía enfrente, nada me desagradaba más pero era necesario, yo no quería olvidar y justificaría lo que le iba a pasar una vez concluyera mi relato… Le miré a los ojos con determinación y comencé a hablar.

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