Por qué ellos, por qué ahí…

Por norma general un tatuaje no suele significar nada especial, una simple imagen, un diseño, algo bonito con lo que decorar nuestro cuerpo, otras veces nos evoca recuerdos, nostálgicos o alegres, en otras una manera de pensar, de afrontar la vida… Pero hay unas ocasiones donde un tatuaje se convierte en una lectura de toda tu vida, una imagen para resumir todos y cada uno de los actos que te han llevado a ser la persona que ahora el mundo ve.
“Háztelo en la pierna, ahí dolerá menos”, “Cuando ya no estén tendrás que recordarlos a diario”… Son algunas de las frases que he tenido que escuchar desde que decidí qué, dónde y por qué de mi tatuaje… No os falta razón, tenéis toda la maldita razón, pero no ha habido ni un solo dolor que haya merecido más la pena de cada segundo de aguja y pocas cosas de las que me sienta más orgulloso haber soportado.2017-10-26_10.19.16

¿Por qué mis perros?, sencillo, en la misma pregunta va implícita la respuesta, porque son perros, el animal más noble que pisó este planeta, una de las tantas razas que han tenido la inmensa suerte de no nacer humanos, porque no existe amor más incondicional que el que te da un amigo peludo, porque a dos de ellos los vi crecer, los eduqué, con más o menos acierto, al otro lo rescaté de la calle y le di un hogar, porque pagué una cara intervención que le salvó la vida, porque he condicionado mi vida alrededor suyo, porque son mi manera de entender esta vida, porque el que no es adicto a los perros es porque jamás tuvo el privilegio de tener uno.

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¿Por qué ahí?… Soy de esas personas incapaces de pasar al lado de un extraño que está desorientado y no parar para ofrecer ayuda, de los que si te caes se detendrá a levantarte, de los que se desvían de su camino para socorrer a un animal atrapado… Y tengo fotos de heridas por suerte ya cicatrizadas para demostrarlo… Pero existe un sitio donde las heridas jamás cicatrizan, nunca dejan de sangrar, supuran eternamente dolor, angustia, ansiedad, soledad… En esa pequeña caja roja que tenemos donde guardamos lo más personal, lo más íntimo, donde pocos entran y menos salen y donde quizá uno o ninguno acaba conociendo cada esquina de esa caja, un lugar reservado para unos pocos elegidos… Mi caja está rota, ya lleva mucho tiempo así, los bordes romos, fisuras donde quieras mirar, golpeada por laterales y agrietada de tanto usarse, le faltan trozos de gente que se llevó y no me dio ninguno a cambio, por zonas no encajan de alguien que llegó para llevarse una pieza y cuando no la quiso la volvió a colocar de cualquier manera porque tenía prisa por irse… Hace poco he sufrido el peor infierno desde que tengo memoria, hace poco esa caja sufrió el peor de los terremotos y se deshizo en tantos pedazos que necesitaré dos vidas para recomponerlos, he sufrido episodios de claustrofobia, agorafobia y amnesia debido a la cantidad de medicamentos de fuerte gramaje que cada día debía ingerir… Me he visto en la soledad de mi cama con un blíster de pastillas para dormir esparcidas sobre mi pecho, buscando una razón para no permitirme dejar de sufrir… Créeme cuando te digo que he estado mal, tan mal que, por primera vez en mi vida el deporte no fue capaz de sacarme del pozo.
Os pongo ahí porque sois demasiado grandes para esa caja, tenéis un cometido aún mayor… Os pongo ahí para recordarme cada día frente al espejo no volver a dejar a nadie tocar esa caja que no pase antes por vuestro filtro, para recordarme que todo el que quiera ver ese interior deberá ser como mínimo, tan grande como vosotros.

dav

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