Somos la suma de nuestra vida

La amistad, ese sentimiento efímero, ese estado que depende en un tanto por ciento muy elevado del estado de ánimo de las personas, que fácil es ser amigo del que es feliz, del que no tiene problemas, del que nos invita a rondas de cervezas sin esperar nada a cambio, pero que difícil se torna cuando el “amigo” pasa una crisis, se vuelve irascible, huraño y solitario, tomamos el camino fácil, el de la auto compasión, lamernos las heridas para ocultar nuestra propia ponzoña, que somos incapaces de ayudar, que guardamos el último salvavidas para nosotros mientras vemos como nuestro “amigo” se hunde en un océano de dolor e incomprensión.

Hace unos años conocí a unas personas que me hicieron ver la vida con otros ojos, que dieron un giro completo a mi forma de entender al ser humano.
El Sol comenzaba a ocultarse en el horizonte y yo en compañía de otros compañeros de trabajo nos disponíamos a disfrutar de nuestra parada laboral estipulada en quince minutos, abrimos nuestros bocadillos sentados en el comedor habilitado dentro del centro, dos compañeros reían mientras comentaban un suceso del fin de semana y otro par discutía sobre fútbol, cuando estuvimos todos sentados y la conversación se hizo una con el resto apareció por la puerta un último compañero que sin mediar palabra con el resto se dirigió a la máquina de café, extrajo su bebida y se marchó haciendo mutis, me percaté que desde el momento que entró en el interior del recinto se hizo un breve silencio, silencio que sólo se rompió cuando el susodicho desapareció de la sala, hubo miradas cruzadas, como si entre ellos hubiese una especie de telepatía, decidí tomar cartas en el asunto.
– ¿No se sienta con nosotros?, pregunté
– ¡Que va!, este tío es gilipollas- contestó uno de los presentes.
– ¿Por que?- pregunté interesado
– Nunca se junta con nadie y está siempre amargado- contestó otro.
– A lo mejor tiene problemas- dije
– Pues como todo el mundo, no te jode- contestó el primero.
Decidí dejar la conversación en ese punto, quedaba claro que nadie estaba cómodo con esa conversación y la última respuesta me produjo un cierto escozor en las tripas, siempre a sido una respuesta que no he llegado a entender del todo, que todos tengamos problemas parece razón suficiente para no interesarse por nadie más, sin embargo miré un poco mas allá, se formulaban preguntas en mi cabeza que ansiaban una respuesta, nadie nace “gilipollas”, nadie decide ser malo, creo que somos la suma de nuestra vida, nuestro yo presente es una suma de nuestro pasado, nuestro ámbito familiar, nuestras amistades, nuestros enemigos y nuestras vivencias personales, de como seamos capaces de enfrentarnos a la vida o de cuantas armas dispongamos para ello nace el resultado de lo que actualmente exponemos al mundo. Me negué en rotundo a creer que esta persona fuera antisocial por naturaleza, la decisión que tomé tres segundos después cambió la vida de dos personas.
Creía conveniente conocer el orden de los factores de la suma del compañero que a partir de ahora llamaré Javier para comprender el por que de su resultado, empecé a ver un hombre solitario, apenas mediaba más de cuatro palabras seguidas con nadie y siempre era algo relacionado con el trabajo, intenté ganarme su confianza, poco a poco buscaba excusas para acercarme a él por temas estrictamente laborales, solía responder con monosílabos y cualquier pregunta que le obligase a pronunciar más de tres palabras seguidas las solía acompañar de algún ruido molesto, sinceramente, no lo ponía nada fácil.
Resumiré los meses que me costó el acercamiento a fin de hacer esta lectura algo más amena, entre quejas del resto de mis compañeros y desprecios de Javier hubo una temporada que me encontraba en tierra de nadie, hasta que todo se normalizó,
nuestros lazos poco a poco se estrecharon, mi jefe decidió que yo sería un buen apoyo en el puesto de Javier dado que era el único con el que parecía no llevarse mal, vino bien este giro de acontecimientos ya que esto me dio la oportunidad de estar mas tiempo con él.
Después de varios meses trabajando juntos las conversaciones entre los dos fluían con normalidad, yo respetaba sus opiniones, daba mis puntos de vista, comentaba sobre fútbol, chicas, películas, política incompetente y demás hasta que llegó el día de subir un escalón, ir más allá, había derribado la primera muralla, la más difícil, ahora sólo tenía que mantener la inercia.
Ya que soy una persona que cree que para recibir primero debes dar forcé una conversación íntima, le conté una preocupación interior, le enseñé un rincón del alma de esos que guardas para gente especial, un dolor del pasado, vi que en su cara se formó una mueca y eso me hizo comprender que algo le atormentaba, algo de su pasado, pero lo peor es que sus ojos me mostraban que su pasado estaba oculto al mundo, en una cajita, bien cerrada, yo tenía la llave y la muralla se tambaleaba.
Que su secreto me fuese revelado me salió caro, me costó varios secretos, muchos momentos de ojos rojos y acuosos pero por fin se abrió, cayó la muralla y se destapó la caja. Javier había sufrido malos tratos, había vivido una infancia entre puñetazos de un padre alcohólico y agresivo, golpes de una madre que impotente ante los puños de hierro de su marido volcaba su impotencia en la cara de Javier, noche tras noche entre gritos oía como camellos aporreaban su puerta reclamando un dinero que no parecía llegar nunca, hasta que un día dos disparos lo silenciaron todo, se acabaron los gritos, los golpes, la calma reinó en una casa mancillada. Cuando llegó la policía, Javier con tan sólo diez años estaba de pie, al lado de los cadáveres de sus padres, en medio de un creciente charco de sangre, al parecer el marido había hecho realidad una de sus múltiples amenazas y acabó con la vida de su mujer para acto seguido poner fin a la suya y de paso a sus deudas, movido bien por su temor a la cárcel o por sus remordimientos del acto perpetrado en un acto de enajenación.
La caja que había abierto Javier me mostraba un pozo de agua estancada, un olor nauseabundo, ponzoña de años de terror amontonada, pero no acababa ahí su vida, lo peor llegó cuando comencé a rascar en el fondo del barril, su custodia había sido concedida a su tío paternal, un pariente que decidió por su cuenta que Javier no había sufrido aún suficiente y en posesión de todas sus facultades mentales lo violó, repetidas veces, años pasaron hasta que se destapó estos atroces actos, para entonces la integridad y salud mental de Javier quedaban heridas de muerte.
Su posterior internamiento en un centro de menores no debió ser de mucha ayuda, amenazas, palizas y un sinfín de chantajes marcaron su corta vida dentro del dicho centro.
Palizas, drogas, muerte y violación, esos son los factores de sumaron a Javier, los que le hicieron ser el hombre antisocial y solitario que todos veían, esos eran los problemas que “todos tenemos”.
Durante el resto de tiempo que estuvimos juntos en el trabajo se forjó una amistad que ninguno olvidaría, perdimos el contacto, cada uno tomó su camino pero me alegra pensar en los meses que compartimos después de me enseñara su pedacito de alma, su actitud cambió, se volvió mas alegre, mas abierto, de vez en cuando entablaba conversaciones con compañeros. Es curioso, tantos años de penurias y de dolor mitigados por un hombre capaz de escuchar, como después de todo sólo necesitaba un amigo a quien contárselo todo y rescatar su alma del pozo.
No sé si yo fui el artífice de su progresiva recuperación, pero quiero creer que si, quiero creer que esa dura fachada escondía un niño que ansiaba contar con alguien a su lado.
Somos la suma de nuestra vida, ayuda a las personas cuando menos lo merezcan por que será cuando más lo necesiten, nunca pagues con la misma moneda, si alguien te desprecia devuélvele comprensión, quizás en el interior de esa persona se oculta un niño sin infancia, un adulto sin amigos, un alma sin camino, sé su amigo, sé su camino, nadie nace antisocial. Somos la suma de nuestra vida.

4 Comments

  1. Somos los sumandos de la suma de la cual nunca podremos saber el resultado, tan sólo los seres que nos rodeen el día que les brindemos nuestro alma podrán dar el resultado de un suma, que contiene muchos momentos de restas que te obligan a dividir otros tantos y que hacen sacar otros factores para multiplicar el resultado final de nuestra vida. De momento, soy de los que piensan en que siempre se puede a añadir sumandos a las vidas de los demás..somos la suma de nuestra vida,si, aunque a veces nos tenemos que conformar con ser el resultado de unas malas sumas…tan solo nuestra fuerza interior puede revertir el resultado.
    Muy grande abogado, me es grato poder leerte, y me entusiasma que seas una de esas personas que sin ninguna duda… Suma

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  2. Uuff, menuda historia.. No es tan difícil ponerse en la piel d los demás sólo hace falta querer hacerlo desde el corazón pues todos somos espejos.. Tu acto t honra y todo vuelve d las formas más insospechadas pero nunca casuales 🙂

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